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Toráh Diario

SINOPSIS Y REFLEXIONESPARASHÁ JAIÉ SARAH #5


Parashá Jaié Saráh #5 (11/14/2020)

1: Bereshit 23:1-16

2: Bereshit 23:17-24:9

3: Bereshit 24:10-26

4: Bereshit 24:27-52

5: Bereshit 24:53-67

6: Bereshit 25:1-11

7: Bereshit 25:12-18

Maftir: Bereshit 25:16-18

Haftará: 1ª Melajim (Reyes) 1:1-31

CR: Meir (Marcos) 7:1-9:13

“Y fue la vida de Saráh ciento veinte años; años de vida de Saráh. Y murió Saráh en Kiriat-Arbá, que es Hebrón en la tierra de Canaán; y vino Abraham para hacer el duelo a Saráh y llorarla.” Bereshit (Génesis) 23:1-2

Saráh fue una de las matriarcas más importantes en toda la historia del pueblo de Israel. Cuando Hashem hablaba con las otras profetizas lo hacia a través de un malaj (ángel mensajero); mientras que con Saráh la comunicación era directamente con ella. Como es sabido por nuestra Torá, cuando el Eterno llama a alguien para Su Avodah Hashem (Servicio al Eterno), lo primero que hace es cambiar su nombre mediante una o varias letras tomadas de Su Nombre Sagrado, el Tetragramatón, para que él o ella sean librados de las múltiples ataduras de las maldiciones generacionales legadas por sus ancestros.

Hashem colocó la letra ה, la segunda letra de Su Nombre Sagrado (יהוה) al final del nombre de Saráh (שרה), es decir, la última letra con un valor gemátrico de 5. Por otro lado vemos que el Eterno colocó la misma letra ה en la penúltima letra del nombre de Abraham (אורהם) con un valor numérico de 5, igual que el de su esposa. Estos dos nombres, Saráh y Abraham, guardan muchos misterios y uno de ellos es que el lugar donde Hashem puso Su letra es perfecto: a ella en la última grafía y a él en la penúltima. Esto tiene que ver con el orden de partida de este mundo físico al mundo espiritual. Si observamos estos dos nombres a través del reflejo de un espejo, la última letra de Saráh se reflejará de primera, y la penúltima letra de Abraham quedará en segunda posición. Este simple ejemplo nos habla que Saráh fue la primera en partir de este mundo y Abraham el segundo. Este análisis también involucra al idioma hebreo que se lee de derecha a izquierda y si lo leemos en el idioma español será a la inversa, de izquierda a derecha, o lo que es lo mismo, quedan en posiciones relativas como si fueran ambos idiomas un reflejo uno del otro.

“Ahora vemos por espejo, borrosamente, más entonces cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré totalmente, como fui conocido.” Asofer Hamaljutí (Código Real) 1ª de Corintios 13:12


Ahora bien, sigamos remando en las aguas de la Torá. El valor gemátrico de la letra ה de Saráh dada por el Eterno שרה tiene un valor de 5 e igualmente en el nombre de Abraham אברהם la ה tiene el mismo valor de 5; entonces juntemos las dos letras asignadas a Abraham y Saráh o lo que es o mismo 5+5=10. ¿Por qué hacemos esto? Muy simple, está establecido en el Manual de Vida o la linterna que alumbra nuestro diario vivir, la Torá:

“Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto lo que Eloha unió bajo un mismo yugo, no lo separe el hombre.” Asofer Hamaljutí (Código Real) Mattityahu (Mateo) 19:6

Este versículo nos invita a seguir escudriñando; si esta letra ה fue tomada de Su Nombre Sagrado יהוה, es necesario saber el contenido matemático que lleva este Omnipresente Nombre. Al sumarlos entre sí 10+5+6+5=26=8. Entonces procedamos a sumar el valor de las letras asignadas a los nombres de Abraham y Saráh y el valor del nombre del Eterno 5+5+8=18. Dieciocho significa vida y si sumas 1+8=9, tiempo que necesita un bebe para formarse en el vientre materno; misteriosamente el 9 cuando es multiplicado por cualquier otro número siempre su resultado será 9. Es decir, que el Eterno “vive” dentro de nuestras “vidas”, tanto en este estado humano, como en el estado invisible, Olam Haba o el mundo espiritual. Y así está escrito:

“Y colocaré Mi morada en medio de vosotros.” Vayikra (Levítico) 26:11

Veamos la energía y las conexiones que produce una letra del Nombre Sagrado que llevan los nombres de esta pareja, como dijimos antes cada una vale 5 (5+5=10): este resultado lo vemos activado en: los 10 mandamientos que están diseminados en sus cuerpos físicos y espirituales, los 613 mandamientos que también suman 10, las 10 emanaciones (Sefirot) donde desciende la Shejina y se alojan en nuestro cuerpo y alma, el Minian que son los 10 judíos necesarios para sacar el Sefer Torá en las Sinagogas. Esta parashá inicia con la muerte de Saráh que vivió 127 años. Si sumamos estos números entre sí tendremos nuevamente el enigmático número 10. Y si nos bajamos del bote y dejamos de remar en estas maravillosas aguas de sabiduría que nos regala en este día nuestra Santa Torá, entonces caminaremos sobre las aguas sin dudarlo…

Y le dijo Yeshua a Kefa (Pedro): “Ven. Y bajando de la barca, Kefa mismo anduvo sobre las aguas caminando hacia donde estaba Yeshua.” Asofer Hamaljutí (Código Real) Mattityahu 14:29

Vayihaiyu (Y fueron), con esta palabra inicia la parashá escrita en hebreo y tiene una equivalencia numérica de 37; este numero que suma 10 alude a los 127 años de Saráh y si lo sumamos entre si tendremos como resultado nuevamente el numero 10. Coincidencialmente, esta parashá es la número 5 y comienza en el capítulo 23 que al sumarlo nos da 5 nuevamente. Y si sumamos el numero de la parashá #5 y el capítulo que es 23, también nos suman 10. ¿Coincidencia? Por supuesto que NO. Todo, absolutamente todo está diseñado y planificado desde los cielos, donde la coincidencia o el azar no forma parte del Orden Divino.

Detengámonos un momento en este análisis ecuacional del cielo y veamos quién es esta gran mujer, Saráh. Ella era una tzadeket (mujer justa) por lo que el Eterno decidió comunicarse directamente con ella dándole ese grande honor a una mortal, de hablar “cara a cara” con Él y no a través de los ángeles como usualmente dicta el protocolo en las Santas Escrituras.

¿Por qué Saráh logró atraer la bendición, la gracia y el favor del Eterno? Según nuestros Jajamim, Saráh era una mujer disciplinada y meticulosa en el cumplimiento de las tres Mitzvot (mandamientos) concernientes a la mujer: 1.- En el encendido de las velas de Shabat. 2.- La separación de Jala de la masa (Pan de Shabat). 3.- El cuidado de las leyes correspondientes a la Nidá (Periodo mensual de la mujer, desde el inicio de la menstruación hasta la inmersión en la Mikve). El Eterno que es bueno la premió con tres milagros que han trascendido como testimonio por generaciones: 1.-Por cumplir con el encendido de las velas de Erev Shabat, estas se mantenían encendidas de un Shabat a otro. 2.- Por cumplir con la separación de las jalot, su masa fue bendecida. 3.- Por purificarse en el tema de la Nidá, la nube de la Shejina siempre estaba encima de su tienda, porque un estado de pureza provoca que la Shejina (Presencia) descienda a su hogar.


Otro punto en esta parashá es que el Satán trata de persuadir a Abraham e Itzjak que desistan de llevar a cabo el sacrificio de Itzjak. Abraham no sólo estaba convencido que lo tenía que hacer por mandato de Di-s, sino que estaba dispuesto fehacientemente a cumplir Su santa voluntad. Si algo entendía este gran hombre es que en la obediencia está escondido el Poder de Di-s… Frustrado el Satán con estos dos paladines del Eterno decidió ir a Saráh y le preguntó: - ¿Dónde está Itzjak? Ella le respondió: -Se fue con su padre a estudiar las leyes de los sacrificios. -Eso no es verdad, Itzjak mismo es el sacrificio; contradijo Satán. -No creo, exclamó Saráh. Saráh corrió a casa de los gigantes Ajiman, Sheishai y Talmaí y le encomió: -Por favor miren a la distancia, tan lejos como puedan. ¿Ven en alguna parte a un hombre viejo en compañía de su hijo y dos sirvientes? Los gigantes por su gran altura tenían una panorámica visual más alta que cualquier persona normal. -Si, contestaron, vemos un hombre viejo en la cima de una montaña. Su hijo está atado a un altar y el hombre viejo sostiene un cuchillo en su mano. Saráh gritó seis veces y su alma partió. Estos seis gritos de Saráh quedaron como un memorial trascendental; por ello, se sopla seis veces el Shofar, seis Tekiot, que son seis sonidos ininterrumpidos en Rosh Hashana.

No hubo un momento en la vida de Saráh y Abraham que estuvieran fuera de la Shejina de Hashem. Cuando el ángel de la muerte se aproximó a Saráh para llevarse su alma encontró su mente habitada por la Shejina, con tal energía, que no pudo cumplir su cometido. Este ángel utilizó el recurso de entretener su mente en el sacrificio de Itzjak para que se distrajera por un momento, y así fue que pudo cumplir con su misión.

Finalmente Abraham negoció con Efrón la cueva de Majpelá que pagó a un alto precio. Esta cueva despertó un gran interés en Abraham, ya que en ella están los cuerpos de Adán y Javá. Majpelá significa “cueva doble” porque es una cueva de dos plantas y también porque allí curiosamente están enterradas “parejas”: Adán y Java, Abraham y Saráh, Itzjak y Rivka y Yaacob y Lea.

Para finalizar quiero compartirles una pequeña señal que nos enseña la Torá. Abraham y Saráh vivieron largas vidas y la partida de Saráh quedó registrada en el Sefer Torá con la palabra hebrea ולבכתה - Velibkotáh (y para llorar a ella) con una letra “reducida” que es la letra כ (K), que connota que Abraham no fue embargado por el espíritu de tristeza, sino que él sabía y creía que la promesa de Hashem era que alcanzaran el gozo perpetuo. Por ello la letra reducida significa que en su corazón había paz, por lo tanto lloró poco.


¡Benditas sean en Saráh todas las mujeres de este hermoso planeta azul!!

Por: Yehoshúa Villarreal I.

Con la autoridad del Rab Dan ben Avraham.



Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad del Zulia. Artista sinestésico que conjuga la música, la pintura y la literatura, cuyas obras están en museos como el MEAM-España, Museo Boca Raton-USA y el MACZUL-Venezuela. Graduado de la Escuela de Arte Julio Arraga y estudió en el Conservatorio de Música José Luis Paz en Maracaibo-Venezuela. Jazán de la comunidad B’nei Tzion de Miami.



Yehoshúa Villarreal I.


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