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Toráh Diario

El Águila

Como el pájaro para moverse, el gorrión para volar, así la maldición injustificada no llegará.” Mishlé (Proverbios) 26:2

La palabra maldición está investida y revestida de una de las peores cargas energéticas que podamos conseguir en toda la literatura universal. El solo hecho de pronunciar esta palabra es suficiente para afectar el mundo físico y el espiritual, la creación toda se activa al sonido de esta palabra que es una sentencia y además ella misma parece quedar petrificada como atrapada en su propia maldición.

Su onda expansiva no sólo puede cruzar la distancia de un lugar a otro, sino que viaja a través de los tiempos; palabras o sentencias dichas milenios antes, y aún su vibración se puede sentir en estos tiempos. Ejemplo de ello es una de las declaraciones más poderosas que hizo como promesa perpetua el Eterno a Su amado pueblo Israel:

“Y bendeciré a quienes te bendijeren y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Bereshit (Génesis) 12:3

La vibración de este versículo quedó refrendada como estatuto perpetuo en las páginas eternales de nuestra Santa Torá.